Una nota de Margarita Elías

Era octubre de 1977----¡Ese sábado 1º se realizaba las 4ta. Peregrinación Juvenil a pie a Luján; era de las pocas movilizaciones masivas en plena dictadura cívico militar.Las madres de jóvenes desaparecidos llevaban varios meses reclamando por el paradero de sus hijos casi bajo la “clandestinidad” sin recibir respuesta alguna por parte del Estado.
Fue un jueves previo al evento que, en uno de sus encuentros, este grupo de mujeres ideó una especie de distintivo para reconocerse una con la otra a lo largo de la peregrinación: un pañal de gaza cuadrado, doblado en forma triangular y atado en sus cabezas, y un palo de escoba como bastón. Ese fin de semana, algunas salieron bien temprano desde Flores y, estación tras estación, otras madres se fueron sumando a la masa desde Liniers, Ciudadela, Morón, Ituzaingó, Castelar… Descalzas, exhaustas, pero enteras y de pie llegaron hasta la Plaza Belgrano. Hicieron “lio” a su manera visibilizando lo que estaba pasando en el país, hablando con los jóvenes y pidiendo justicia por sus hijos, algo que no cayó muy bien a Monseñor Aramburu, quien presidió la misa ese día.
Sin embargo ellas no se callaron y repartieron copias de una carta escrita por un Cura español quien manifestaba su apoyo a las Madres de Plaza de Mayo y reclamaba la aparición con vida de los desaparecidos. Han pasado cuatro décadas desde aquel 1ro. de octubre del 77 y el nacimiento de un símbolo mundial de compromiso y de lucha por los derechos humanos: el pañuelo blanco. Por este motivo, el periodista y vecino Nicolás Grande, acercó la propuesta a la Comisión de Familiares y Amigos de Detenidos-Desaparecidos local de sumar un nuevo “Espacio de la Memoria” en nuestra ciudad (recordamos las ya existentes “Baldosas por la Memoria” y la Plazoleta de los Derechos Humanos).
El Proyecto de Ordenanza fue presentado el 19 de julio de 2017, tratado a posteriori el 4 de septiembre y aprobado, finalmente, el 6 de noviembre.
Tras varios meses de trabajo (y luego de suspenderse la inauguración por mal clima en reiteradas ocasiones), el pasado domingo 27 se descubrió la escultura que recuerda la lucha de las Abuelas y Madres frente a la Basílica Nuestra Sra. de Luján. Un centenar de vecinos (entre los que estaban los funcionarios públicos Nicolás Capelli y Leonardo Boto; María Jimena Fernández, hija de Carlos, militante político detenido-desaparecido; y Silvia Palazzo, hija de Rosita Palazzo y hermana de Ricardo, detenido-desaparecido de nuestra localidad) se hizo presente en el acto donde también se encontraba Nora Cortiñas, de la Agrupación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora; Mercedes Mignone y Adela Antocolet, del Grupo de Apoyo de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, y la Asociación Moreno por la Memoria.
Allí, en el ángulo donde convergen el Museo del Automóvil y el Cabildo, donde flamea nuestra insignia patria y donde –ahora- los más pequeños trepan por el esqueleto del viejo ombú, se ubica esta escultura fabricada con materiales sumamente resistentes que simbolizan la fuerza de aquellas mujeres que lucharon, y continúan luchando incansablemente hasta el día de hoy; los dos quebrachos que representan a las dos referentes de nuestra ciudad: Rosa Palazzo y Anita Aguirre (fallecida el año pasado), el pañuelo blanco y el emblema “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”.
Pasadas las 16,00 y luego de la lectura de los nombres de los detenidos-desaparecidos de Luján y de las adhesiones (Agrupación H.I.J.O.S. y Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, quien expresó: “Sabemos que el futuro está garantizado en los jóvenes que tomaron la bandera de nuestros hijos y hoy son los que continúan luchando para que una Argentina igual para todos llegue algún día.
En el futuro, cuando los vecinos pasen por esa plaza, les contaran a sus hijos y nietos nuestra historia, y así es como lograremos que el horror nunca másresurja”). Una vez contado de forma cronológica cómo fue que surgió este proyecto, Rocío Fernández y la artista plástica Rocío Graffia, ambas a cargo del diseño de la escultura, acompañaron las palabras de Víctor Martín, quien se encontraba junto a Walter Miñardi (Compañeros del Movimiento de Trabajadores Excluidos) habiendo realizado el trabajo de herrería y soldadura).
“En estos tiempos lamentablemente tan duros de nuevo, vuelven las Madres a ser guía de todos nosotros”, expresó Martín. Por su parte, Graciela Galarraga, leyó el poema titulado “Cielo blanco” de Lima Quintana. “¡Madres de la Plaza-el pueblo las abraza…!”, repetían una y otra vez los allí presentes cuando Nora Cortiñas dio uso de la palabra. Fue ella quien dio testimonio de lo vivido en aquella Peregrinación Juvenil y el surgimiento del pañuelo blanco: “Decidimos que teníamos que venir a Luján con los jóvenes. Era un buen camino para ir dando testimonio cada una, ir conversando con la gente que venía caminando, especialmente pensando que eran jóvenes a los que teníamos que transmitirle lo que es estaba pasando”, comentó.
Definió a gran parte de la Iglesia como “puente” con las familias que estaban esperando a los bebes que nacían en cautiverio (todavía quedan aproximadamente 500 de ellos sin tener su verdadera identidad) y la responsabilidad absoluta por parte del Estado, haciendo referencia a los casos de Julio López y Santiago Maldonado. “Para que no vuelva a ocurrir todo lo que ocurrió en este país tiene que haber toda la justicia, toda la verdad, todo el compromiso del pueblo”, remarcó Cortiñas y se despidió con el puño en alto gritando “¡Venceremos!”. El emotivo acto culminó con el descubrimiento del monumento y una guitarreada cual fogón dirigida por los músicos locales Álvaro López y Fernando Momo en la que entonaron, todos juntos y abrazados, “Que la tortilla se vuelva” de Quilapayún.
“Los pañuelos son el emblema de los hijos. Nosotras nos ponemos el pañuelo y nos sentimos respetadas” (Anita Aguirre).
“El pañuelo es el símbolo de la comunicación con los demás y el nudo es el abrazo que nos dan nuestros hijos” (Rosita Palazzo).